limerencia y dependencia emocional
migajas emocionales en las relaciones de pareja

Limerencia y dependencia emocional en las relaciones de pareja: ¿Obsesión o amor de verdad?

Si alguna vez has sentido que estás mendigando amor en tus relaciones, si has esperado durante meses o años a que esa persona finalmente se decida por ti, o si te has conformado con ser la opción B, definitivamente este artículo es para ti. 

Contra la mediocridad afectiva, tenemos que poner soluciones firmes y lo antes posible.  

Llegan a mi consulta cada vez más personas, sobre todo mujeres, preguntándome por qué sufren tanto por un hombre que no las prioriza, que no las da su lugar, en donde sienten que el vínculo no funcionaría si no estuviera ella tirando de él: teniendo iniciativa para proponer planes, teniendo atenciones, respuestas a mensajes a pesar de que él la deja en visto y vuelve cuando quiere con muy poco esfuerzo (quizás un meme, un like, un perdona me olvidé…).

Mujeres que dejan sus planes cuando él las avisa a última hora, buscando salidas que hacer que a él le gusten…  ¿te suena familiar? ¿sientes que tú estás dando más que él? ¿estás sintiendo que te desgastas y te quedas sin energía? ¿te sientes frustrada y decepcionada constantemente?

Cada vez más, existen mujeres que están cansadas de esperar, mujeres que anteponen al otro antes que a sí mismas.

Mujeres que se resignan a que el hombre no avance en la relación y solo las busque cuando les conviene; ya sea habiendo tenido intimidad física o estar en esa fase de conocerse, pero sin consistencia afectiva.

Hombres que pueden hacerte sentir especial un rato y luego desaparecen por un tiempo hasta que deciden regresar para volver a disfrutar de la atención que tu si le brindabas.

El impacto de la intermitencia en tu equilibrio emocional

Esta situación de ambigüedad e intermitencia crea mucha frustración y en muchas ocasiones se expresa con ansiedad, pensamientos rumiativos, estado de espera constante…, a fin de cuentas, un estado de hiperalerta que hace que tu sistema nervioso se sienta en desequilibrio. 

Estas situaciones suelen darse mucho en relaciones en las que hay un “casi algo”, donde no hay una coherencia entre palabras y actos, donde no hay claridad de qué somos y si estamos construyendo una relación sana. Son relaciones que nunca terminan de empezar y tampoco acaban.

No son una clara amistad porque hay atracción sexual mediante, expectativas de futuro, coqueteo, momentos de cercanía… pero luego hay distancia, falta de compromiso real y falta de reciprocidad estable. 

Son relaciones en las que aceptamos poco y siempre estamos disponibles para el otro, a pesar de estar escuchando a nuestra intuición que nos grita: ¡no me estoy sintiendo bien aquí!.

Entonces, ¿por qué nos quedamos? ¿por qué seguimos pensando que quizás pueda ser diferente conmigo? ¿por qué pretendemos cambiar a la otra persona a toda costa? ¿por qué seguimos enganchados/as a las migajas que nos ofrecen en lugar de anteponer nuestro bienestar, libertad y amor propio primero? 

Si te sientes reflejada, quédate a leer este artículo porque te voy a contar paso a paso qué es lo que te está ocurriendo, por qué no logras desengancharte de este tipo de relaciones, por qué sigues recayendo en estos patrones vinculares y cómo puedes gestionar todo el malestar que te está provocando.

Qué es la limerencia y su relación con los “casi algo”:

La limerencia emocional es un estado mental involuntario de atracción romántica obsesiva hacia otra persona. Se caracteriza por:

– Un deseo intenso de reciprocidad 

– Pensamientos intrusivos constantes sobre la otra persona 

– Idealización del vínculo (“esto podría ser especial”, “cuando pueda cambiará y estará disponible para mí”)

– Alta sensibilidad ante cualquier señal de atención o rechazo 

– Dificultad para soltar a pesar del sufrimiento 

No se trata de un amor saludable, sino de un estado de ansiedad, inestabilidad emocional y dependencia. A menudo se la describe como una adicción emocional. 

No es simplemente “estar enamorado”. La limerencia tiene un componente de dependencia emocional y reforzamiento intermitente, lo que la hace especialmente adictiva.

La diferencia entre el vínculo real y la posibilidad del amor

Cuando nos gusta alguien que no nos corresponde, puede aparecer este fenómeno de la  limerencia; ya que no se alimenta tanto del vínculo real, sino de la posibilidad del vínculo. Se trata de una activación emocional intensa, persistente y desregulada, más allá de estar sintiendo atracción hacia la otra persona. 

Al vivir pendiente de cualquier señal de la otra persona, interpretar pequeños detalles como grandes indicadores de interés, sentir picos emocionales muy altos cuando recibes atención y experimentar bajadas bruscas cuando hay distancia o silencio nos da información directa de que estamos experimentando limerencia emocional, de que estamos idealizando, de que estamos conformándonos con las pequeñas migajas que el otro pueda darnos y esto no es sano; básicamente porque es una ilusión. 

Si bien, es cierto, que la otra persona te da atención, pero es de pésima calidad. Y aquí es donde tenemos que pararnos para decidir qué nos merecemos en nuestras vidas. Es un acto profundo de amor hacia uno mismo/a.

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El error de confundir intensidad con conexión profunda en una limerencia

En la limerencia emocional existe esa trampa psicológica de confundir intensidad con conexión real. En los “casi algo”, muchas personas interpretan la intensidad emocional como señal de profundidad:

– “Si siento esto tan fuerte, será porque es importante”

– “No puede ser casual, hay algo especial”

– “Cuando estamos bien, es increíble”

Sin embargo, lo que suele estar ocurriendo no es una conexión sólida, sino una montaña rusa emocional sostenida por la incertidumbre. La intensidad nunca es sinónimo de vínculo sano.

Salir de esta dinámica no es solo una decisión racional. Hay varios factores que lo dificultan:

– La inversión emocional previa (“ya he puesto mucho aquí”).

El factor de idealización (centrarse en lo bueno e ignorar lo inconsistente o incluso todo aquello que no te gusta de la otra persona).

– Esperanza intermitente (cada pequeño gesto reabre la expectativa).

– Activación fisiológica (el cuerpo se habitúa a ese sube y baja emocional).

El camino terapéutico: más allá de olvidar a la persona

Además, muchas veces este tipo de vínculos conecta con necesidades más profundas: validación, miedo al abandono, dificultad para poner límites o historia previa de relaciones inconsistentes.

En consulta, no solo se trabaja en “olvidar a esa persona”, sino en entender:

– Lo qué ha activado ese vínculo

– Las necesidades emocionales que están en juego

– Qué patrón relacional se está repitiendo

– Cómo construir una forma diferente de vincularse

Porque el objetivo no es solo salir de un “casi algo”, sino no volver a engancharse a dinámicas de migajas emocionales.

El refuerzo intermitente y lo que pasa en tu cerebro cuando aceptas las migajas emocionales

Una de las paradojas más dolorosas de estos vínculos es que no duelen tanto por lo que son, sino por lo que podrían llegar a ser.

Cuando alguien te da atención de forma inconsistente:

– Tu cerebro interpreta los momentos buenos como “pruebas de potencial”

– La incertidumbre activa más activación emocional que el rechazo directo

– Se genera un ciclo de esperanza–decepción que refuerza el enganche

Esto se conoce como refuerzo intermitente, el mismo principio psicológico que explica por qué algunas dinámicas son tan difíciles de abandonar: nunca sabes cuándo llegará el “premio”.

La trampa de la dopamina: por qué nos volvemos adictos a las migajas

Verás, después de días de indiferencia, de decepciones por no estar recibiendo el mismo nivel de implicación que tú estás dando, tu cerebro libera dopamina (el neurotransmisor del placer y la recompensa).

La dopamina se libera con mayor intensidad cuando la recompensa es impredecible, es el mismo mecanismo que hace adictiva a las máquinas tragaperras de toda la vida o las chuches que se le entregan a los niños cuando hacen bien una conducta.

Si cada vez que hacen los deberes, le diéramos a los niños chuches, esta recompensa o premio dejaría de tener el mismo valor a medio plazo porque es predecible.

Sin embargo, si le diéramos la chuche de forma intermitente, el niño valoraría más el premio y se esforzaría por hacer siempre los deberes porque no sabe cuándo se la van a volver a dar.

Es aquí cuando el cerebro entra en modo adicción. El sistema nervioso interpreta esa incertidumbre como algo emocionante, como algo que vale la pena perseguir.

Y exactamente pasa lo mismo con ese hombre que te da migajas.

Cuando la atención parcial se convierte en espejismo

Cuando ese hombre te escribe un “¿qué tal el día?”, un “hoy estabas muy guapa” o te envía un reel de instagram después de ignorarte tres días o cancelarte los planes varias veces, tu cerebro no registra el abandono; sino la recompensa.

Interpretamos las migajas como algo bueno y pensamos “nos está dando atención, se está acordando de nosotras al menos”;  y nos conformamos.

Este refuerzo intermitente, sea consciente o inconsciente, es la estrategia perfecta para mantenerte enganchada a esa persona, mientras ella continúa sin un compromiso real. 

Una relación sana jamás debe incluir incertidumbre constante, disponibilidad unilateral o mendicidad afectiva. Por tanto, compañeras, aquí os tengo que decir que no estamos haciendo las cosas bien para con nosotras mismas. 

Pero Laura, ¿cómo puedo saber si estoy atrapada realmente en una relación de “casi algo” disfuncional? A ratos me siento bien con este chico, sobre todo cuando nos vemos en persona, pero luego cuando no está no estoy bien… 

Si te estás preguntando esto, te cuento en el siguiente apartado las señales que tienes que conocer para darte cuenta de que estás atrapado/a en un “casi algo”. 

Las señales de que estás atrapada/o en un "casi algo":

Algunas señales frecuentes son:

– Te sientes en una relación que “no existe oficialmente”, pero te consume emocionalmente

– Analizas constantemente mensajes, silencios o gestos

– Sientes ansiedad cuando la otra persona se aleja

– Justificas la falta de compromiso con frases como “ahora no es el momento”

– Te cuesta abrirte a otras personas porque sigues enganchado/a a este vínculo

El coste emocional de las relaciones a medias:

Aunque desde fuera pueda parecer “sólo una situación sin importancia”, a nivel psicológico puede generar:

Ansiedad persistente

– Baja autoestima

– Confusión emocional crónica

– Dificultad para establecer límites

– Dependencia afectiva o emocional

– Bloqueo en la vida relacional

Uno de los mayores problemas es que la persona no solo sufre por la relación, sino por la inestabilidad emocional constante que esta genera. Y tú no te mereces eso. 

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Cómo empezar a salir de este tipo de dinámicas tóxicas:

El juego del refuerzo intermitente solo funciona si tú aceptas las reglas. En el momento exacto donde tu cambias las reglas del juego, la estrategia de esta persona se va a comenzar a desvanecer.

Y aunque al principio te dé miedo cambiar tú (porque sí, tu eres la que tienes que cambiar, no pretender nunca que el otro cambie porque solo lo hará si quiere), te genere más ansiedad dejar de jugar a esto por si pudiera olvidarse de ti… te prometo que la que sale ganando eres tú. 

Tu problema no es que él no te valore. Tu problema es que le has enseñado que puede no valorarte y aún así tenerte. 

No te culpes. No te culpes por tu gran capacidad de amar. 

Pero aprende a priorizarte antes de dar tu corazón a alguien que no puede cuidarlo. Porque tu amor sí tiene requisitos de calidad, tu tiempo sí tiene costo, y tu presencia si tiene valor de intercambio.

En toda relación, sea de pareja o amistad, tiene que haber reciprocidad. Si yo doy, tú das. Y no me conformo con menos de lo que yo puedo dar. Eso es lo saludable. 

No necesitas a nadie. Ya eres amor, ya estás completo/a. No vas a quedarte sola. Y todo pasa, tu cerebro velará por tu supervivencia, confía en él y en tu sabiduría intuitiva. No le des tu poder a nadie. 

Ahora, te voy a listar los pasos que tienes que hacer para no caer y salir de este tipo de relaciones que no te están aportando lo que necesitas y mereces: 

1. No tengas relaciones sexuales con una persona que está a medias contigo:

Al mantener sexo con una persona, liberamos oxitocina (la hormona del apego) y nos hace engancharnos aún más al cuerpo físico de esa persona. Si luego resulta que sus actos contigo no te muestran estabilidad, te va a resultar mucho más difícil y doloroso desengancharte de alguien así.

Siempre recomiendo no mantener relaciones cuando te estás conociendo. Primero hay que ser amigos y hablar mucho; hay que conocer bien los patrones que tiene la otra persona para decidir si es para ti o no. 

2. Nombra lo que te está pasando y hazte consciente del patrón de refuerzo intermitente dónde has caído, y probablemente hayas caído más de una vez:

Pasa de decir “esto es complicado, pero puede cambiar” a decir:

“Esto es una dinámica de refuerzo intermitente sin reciprocidad clara, y no me lo merezco”. 

3. Separa hechos de expectativas:

Tienes que diferenciar entre lo que la persona hace realmente y lo que tú esperas que llegue a hacer. 

Jesucristo dijo “por sus frutos los conoceréis”. 

A las personas se las conoce por sus actos (frutos), no por sus palabras o promesas. Cuando una persona es incoherente, ahí tienes la respuesta. No tienes que analizar más, sino ver los hechos. No trates de buscar las 5 patas al gato.

4. Reduce o elimina tu disponibilidad emocional:

Disminuye el contacto o la exposición a estímulos que mantienen el enganche.

No respondas inmediatamente a sus mensajes, no estés disponible todos los fines de semana para quedar, no alimentes el coqueteo sexual…

Esa persona tiene que ver que tienes tu vida, que pones límites, que te priorizas y que no estás siempre disponible para cuando él o ella quiere o se siente aburrido…, o vete tú a saber por qué. 

5. Trabaja tu dependencia emocional:

Cuando nos relacionamos con este tipo de personas, es porque hay un trabajo personal que tenemos que hacer. Nadie llega a nuestras vidas porque sí. Es necesario explorar por qué este tipo de vínculo activa tanto malestar y necesidad en nosotras/os.

A veces, el apego ansioso desarrolla de forma muy rápida dependencia emocional y tiene como un imán hacia este tipo de personas que suelen mostrar un apego evitativo. 

Los apegos evitativos suelen ser personas inmaduras emocionales, no se suelen comprometer con nadie por miedo a ser rechazados, suelen cargar heridas de rechazo o abandono de la infancia que aún estar por sanar y, aunque anhelan amor, no pueden sostenerlo ni construir cuando lo encuentran de frente.

Suelen tener un profundo miedo a la intimidad emocional, a mostrarse vulnerables con el otro, y tienden a distanciarse cuando la pareja busca cercanía. Priorizan

excesivamente su independencia, no suelen validar las necesidades emocionales de la otra persona (lo que a largo plazo termina desgastando la autoestima). Además, tienden a huir de los problemas, en lugar de resolverlos. 

Es por eso que se hace relevante saber qué tipo de apego tienes tú (seguro o inseguro-ansioso, evitativo o ambivalente) para conocer tus patrones relacionales y fijarte bien en la forma en la que actúa el otro para ver si tiene un apego inseguro-evitativo. 

Si te das cuenta de que es una persona evitativa, que utiliza el refuerzo intermitente y a ti te está afectando en forma de ansiedad, incertidumbre, y pensamientos rumiativos, tienes que ponerle atención a tu malestar y aprender a gestionarlo; en lugar de pedirle explicaciones para calmar tu ansiedad.

Tenemos que comenzar a hacernos cargo de nuestro malestar y elegir bien dónde ponemos nuestro tiempo y energía.

6. Refuerza tu autocuidado y tu autoestima:

Más que enfocarte en la validación externa, redirige el foco en ti. Esta situación en la que te estás conformando con migajas, te está mostrando que no te priorizas lo suficiente como para decir ¡basta, esto no es para mi!.

Te muestra que tienes que poner más atención a tus hábitos saludables, a relaciones sociales de calidad, a planes de disfrute, a tu propio trabajo o emprendimiento, a tus hobbies… a ti misma. Y no esperar que nadie te alegre el día, eso ya lo puedes hacer tú por ti. 

7. No eres el salvador/a de nadie:

Algunas veces cargamos con el rol de “salvadores” de las parejas que elegimos, y necesito que comprendas algo: ese no es tu cometido, déjaselo a los terapeutas.

Las personas solo cambian si de verdad quieren hacerlo, pero nunca porque tú se lo pidas. Es una labor muy frustrante y desgastante, y solo genera más conflictos en el vínculo. 

¿No te has fijado que alguna vez has tratado de decirle cómo te sentías para que lo corrija y te has encontrado con una respuesta fría, egoísta, incluso haciéndote sentir culpable a ti? ¿No te has dado cuenta de que en lugar de querer corregirlo, te ha mostrado una actitud defensiva? 

No pierdas tu energía con personas que no están sanadas. No merece la pena. En todo caso, si esta persona decide pedir ayuda profesional, tratará de mejorarlo, pero esa no es tu misión. Tu misión es ser feliz.

Conclusión: deja de sentarte en mesas donde solo te ofrecen migajas

Aceptar migajas emocionales no es una casualidad, es un patrón que se puede entender y transformar. Y cuanto antes lo hagas, antes saldrás de ese ciclo de ilusión, ansiedad y frustración que tanto desgaste genera.

Te pregunto algo importante: si este hombre o esta mujer fueran un restaurante, ¿volverías a comer ahí?.

Un restaurante que te sirve a medias, que te atiende cuando quiere, que te promete el plato que deseas pero nunca te lo trae completo, que te hace esperar horas sin explicación…, ese restaurante es de pésima calidad, pero, y entonces, ¿por qué sigues sentándote a su mesa?

En el amor, igual que en la vida, no se trata de aguantar ni de esperar a que el otro cambie. Se trata de elegirte, de levantarte de donde no te están dando lo que necesitas y empezar a construir relaciones donde haya coherencia, presencia y reciprocidad.

Además, muchas veces, cuando dejas de esperar, cuando recuperas tu poder y te centras en ti; esas personas vuelven y cambian su comportamiento. Sienten que tu energía no vibra desde la necesidad, sino desde la elección.

Y si no vuelven, es porque no son las personas que merecen estar en tu camino. Eso sí, nunca hay que utilizar la distancia emocional como estrategia para que te elijan, sino como forma de autocuidado.

Y si sientes que, aunque lo entiendes, no consigues salir de este tipo de dinámicas por ti misma, no tienes que hacerlo sola. En terapia podemos trabajar en profundidad qué hay detrás de este patrón, ayudarte a fortalecer tu autoestima y acompañarte a construir vínculos más sanos y satisfactorios.

Si te has sentido identificada con este artículo, puedes escribirme para agendar una sesión de psicoterapia. Estaré encantada de acompañarte en este proceso.

Un abrazo.

Laura.

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