Viajar a Colombia: la experiencia de voluntariado que me cambió la vida
Queridos amigos, aquí estoy 7 años después escribiendo esta entrada que inagura mi Blog en la sección de VIAJES y creo que no hay mejor modo de empezar.

Viajar a Colombia me cambió la vida; o mejor dicho, me la devolvió

Algunas otras fotos de mi viaje a Colombia
De izquierda a derecha y de arriba a abajo:
3) Frente al Cerro del Majuy, en Cota, reserva habitada por el pueblo indígena Muisca. Siempre me quedará la espinita de no haber hecho la ruta hasta su cumbre. Majuy significa “dentro de ti” en muisca.
4) Colaborando en el precioso Jardín Medicinal de Cota y aprendiendo sobre Fitoterapia. Me curé un resfriado con infusiones de Flor de sauco y Tomillo, y acabé cogiendo gusto a las “aromáticas”.
5) En ruta por el Parque Nacional Tayrona, Santa Marta.
6) Nunca antes había visto una selva en la que, a mitad del camino, surgiera una playa. Y luego más selva, y más playas…
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Un regalo gracias al Máster de Cooperación internacional:
Al terminar mis estudios de Máster en Cooperación internacional en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid (2018), me enteré gracias a una amiga de un Programa de becas de las universidades públicas de la Comunidad de Madrid para hacer voluntariado internacional y decidí aplicar, consiguiendo la beca.
Consistía en colaborar con una ONG colombiana en un proyecto de salud pública y comunidades indígenas en Cota, un pueblo campesino en la Sabana de Bogotá.
Aquí puedes ver mi experiencia como cooperante voluntaria en Colombia .
Mi viaje duró tres meses, que ahora se me quedan cortos, aunque durante la experiencia parecieron años porque también eché mucho de menos; especialmente a un chico del que me enamoré poco antes de partir.
Una parte de mí quería cumplir un sueño y otra se quedaba en España con él, y esa es una larga historia cargada de aprendizaje que también me ha cambiado la vida.
Una mochilera por el Caribe Colombiano

Sentimientos y prejuicios...

Aventuras y desventuras de una chica en la otra parte del mundo:
Durante esos días en el norte de Colombia, conocí a locales y otros viajeros con historias interesantes y admirables.
Pasé un día en Isla Barú, donde dormí en una hamaca para ver el atardecer, el amanecer, contemplar las estrellas y nadar de noche entre plancton luminoso; una experiencia mágica que recomiendo.
Me deleité con la gastronomía caribeña, repleta de frutas que sabían a frutas. Di paseos por las calles de las ciudades encontrando rincones donde no existía el tiempo.
Compré artesanías para mis seres queridos y probé el café colombiano. Me robaron todo el dinero que tenía. Recorrí el Parque Nacional Tayrona resfriada, con fiebre, calor y humedad, cargando una mochila de 30L.
Fui en mototaxi un día de lluvia por un camino de montaña embarrado, llegando sana a Casa Elemento, el hostel más bonito del mundo en Minca. Me hice amiga de un indígena arhuaco y encontré ángeles en la ruta que me ayudaron.
El gran aprendizaje de viajar a Colombia:
Fueron tantas emociones… el aprendizaje fue tan rico que me ha convertido en una mejor persona. Pero sobre todo, aprendí mucho de la gente que conocí en la ONG de Cota y los locales que allí vivían.
Me dí cuenta que la pobreza real es la que tienen muchas personas en su corazón y no la falta de posesiones materiales. Cota es un pueblo muy humilde, donde la gente te ofrece un plato de comida para que te sientas como en casa, aunque a ellos no les sobre.
Realmente pude valorar lo que es tener las necesidades básicas cubiertas en España. El simple hecho de poder ducharme con agua caliente y tener calefacción, es todo un lujo.
El tener a las personas que más quieres cerca y poder abrazarlas es la verdadera riqueza. Y es muy injusto que solo nos acordamos de ello cuando nos falta. También pude valorar el sistema de salud y de transporte público que tengo en mi país, muchas veces nos quejamos pero no sabemos lo afortunados que somos.
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Un país muy diverso
Este es un país lleno de contrastes. Puede verse la historia de violencia escrita en cada lugar y en los rostros de muchas personas.
Se siente la desigualdad social y el lento progreso en lo que en Europa llamamos “desarrollo”. Esta zona del mundo aún sufre y no es completamente independiente del imperialismo.
En muchos territorios no se respetan los Derechos de los Pueblos indígenas, y en otros sigue existiendo violencia armada y abusos sexuales hacia mujeres sometidas a una cultura machista.
Admito que viajé con prejuicios condicionados y regresé sin ellos, aunque es cierto que los hombres en sus coches me piropeaban tras la ventanilla, igual que hacían con otras mujeres que caminaban tranquilamente por la calle, haciéndonos sentir inseguras.
La mujer colombiana está acostumbrada, pero no deja de ser incómodo. Queremos sentirnos respetadas y libres. Estas cosas aún deben cambiar en cualquier cultura y parte del planeta.

Un lugar para disfrutar...

Colombia es un país donde puedes disfrutar de su gastronomía. Sus ricas arepas, empanadas, la bandeja paisa, el ajiaco, el sancocho, los dulces, las frutas… la comida es realmente espectacular, no os miento. Os lo dice una persona que no ha aprendido a disfrutar de la comida hasta hace bien poco.
Este país son personas amables, personas con fé que te ofrecen sus mejores bendiciones, son personas que sonríen, gente alegre que baila salsa, vallenato y champeta, entre otros bailes que me enseñaron.
En este lugar también lo forman sus personas mayores, sabios que me cautivaron al contarme sus historias de vida. Este paraíso es un país en el que no existen estaciones, pero pude sentir como nunca antes había sentido cada uno de los elementos que componen la Pachamama (agua, fuego, aire, tierra y éter).
Y recuerda que Colombia significa “Tierra de Colón”. Él conquistó esta tierra en 1499 y Simón Bolívar la liberó en 1819. Pero esta tierra me conquistó y al mismo tiempo me liberó a mí en 2018. Me siento bendecida.
Agradecida mientras viva:

Desde aquí, agradecer mi buena suerte a todas las personas que me posibilitaron hacer este voluntariado. Disculparme que lleve en mi corazón mucho más de lo que pude ofrecerles.
Hice buenos amigos, pues una de mis mejores amigas actualmente es una chica que conocí allí y casualmente también vive en Madrid porque estaba haciendo sus prácticas de Máster en Bogotá.
También dedicar mi cariño a mi casera y su hija con las que compartí apartamento en Cota por ser tan bellas. Y por supuesto, a Germán y Carolina, los médicos de la ONG que me cuidaron e inspiraron. Siempre tendréis mi admiración incondicionalmente.
Gracias por existir, por el trabajo tan valioso que hacéis a diario para el mundo. Dios también existe en vosotros.









